Durante el primer semestre de 2026 se iniciaron 411 procedimientos de Liquidación de Activos de Empresas en Chile, un aumento de 28% respecto del mismo período de 2025. La mayor parte correspondió a micro y pequeñas empresas. Comercio, industria y construcción concentran los mayores registros.

Santiago, 23 de agosto de 2026. Las cifras entregadas por la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento muestran una señal que las empresas no deberían ignorar.

Durante los primeros seis meses de 2026 se iniciaron 411 procedimientos de Liquidación de Activos de Empresas, cifra que representa un incremento de 28% respecto del primer semestre de 2025.

De esos procedimientos, 359 correspondieron a micro y pequeñas empresas, mientras que 52 afectaron a medianas y grandes empresas.

El comercio concentró el 31% de las liquidaciones, seguido por la industria manufacturera con 22% y la construcción con 13%.

El dato no significa que toda empresa con problemas de caja terminará liquidándose. Sí muestra la importancia de detectar una situación financiera compleja antes de que las alternativas se reduzcan.

También aumentaron las reorganizaciones

Durante el mismo período se iniciaron 28 procedimientos de Reorganización de Empresas, un 40% más que durante el primer semestre de 2025.

La diferencia entre ambos procedimientos es fundamental.

La Superintendencia define la Reorganización como el procedimiento destinado a reestructurar activos y pasivos de una empresa que todavía es económicamente viable, mediante un acuerdo con sus acreedores.

La Liquidación, en cambio, está orientada a realizar los bienes y pagar a los acreedores cuando la empresa ha dejado de ser viable.

La reorganización busca salvar una empresa viable; la liquidación busca cerrar ordenadamente una empresa que ya no lo es.

El problema normalmente comienza antes de la insolvencia

Una empresa rara vez pasa de una situación completamente normal a una liquidación de un día para otro. Antes suelen aparecer señales:

  • caja insuficiente para cubrir obligaciones corrientes;
  • utilización permanente de líneas de crédito;
  • IVA o cotizaciones previsionales que comienzan a postergarse;
  • convenios tributarios difíciles de sostener;
  • proveedores vencidos;
  • cuentas por cobrar que crecen más rápido que las ventas;
  • disminución sostenida del margen;
  • préstamos de socios utilizados regularmente para financiar operaciones;
  • cheques o pagos renegociados;
  • concentración excesiva en uno o dos clientes;
  • remuneraciones que comienzan a depender de la cobranza del último momento.

Ninguna de estas señales, aislada, significa necesariamente insolvencia. El problema aparece cuando comienzan a acumularse y la empresa deja de conocer con precisión cuánto necesita para sobrevivir durante los próximos 30, 60 o 90 días.

Facturar no significa tener caja

Uno de los errores más frecuentes en empresas con dificultades es continuar observando ventas cuando el verdadero problema está en el flujo de caja.

Una empresa puede tener ventas, clientes e incluso utilidad contable y, aun así, enfrentar una crisis financiera.

Si cobra a 60 o 90 días, paga proveedores antes, mantiene créditos caros y acumula impuestos, puede quedarse sin liquidez aun cuando el negocio continúe funcionando.

Por eso una evaluación de crisis no comienza preguntando únicamente ¿cuánto vende la empresa? Comienza preguntando: ¿cuánto efectivo entra, cuánto debe salir y qué obligaciones vencen primero?

No todo problema financiero exige cerrar

La propia legislación concursal distingue precisamente entre empresas viables que necesitan reorganizarse y empresas cuya inviabilidad hace necesaria una liquidación.

Antes de llegar a cualquiera de esas instancias existe un espacio de gestión financiera, contable y tributaria que puede resultar decisivo.

Entre las alternativas que deben evaluarse se encuentran la renegociación privada de pasivos, reprogramación financiera, revisión de deuda tributaria, recuperación acelerada de cuentas por cobrar, venta de activos no esenciales, reducción de costos, reestructuración de compromisos, capitalización, financiamiento transitorio o, cuando corresponda, evaluación de una reorganización concursal.

Esperar puede ser la decisión más cara

Cuando aparecen problemas de caja, muchas empresas utilizan una estrategia comprensible pero peligrosa: ganar tiempo.

Se paga al acreedor que presiona más, se utiliza un impuesto para financiar temporalmente la operación, se posterga al proveedor, se renueva una línea de crédito o se obtiene un préstamo personal del propietario.

El problema es que esta estrategia puede ocultar la gravedad de la situación mientras aumenta el endeudamiento.

La pregunta central debería ser: ¿la empresa tiene un problema transitorio de liquidez o un problema estructural de viabilidad?

V&G Rescate 72H: diagnosticar antes de decidir

Frente a este escenario, V&G Asesores incorpora un diagnóstico de contingencia empresarial orientado a empresas que están comenzando a enfrentar dificultades de caja, tributarias o financieras.

Rescate 72H

El objetivo es disponer rápidamente de una fotografía real de la empresa antes de adoptar decisiones irreversibles.

Caja y flujo inmediato
Identificación de ingresos y obligaciones críticas de corto plazo.

Deuda tributaria
Revisión de IVA, renta, giros, convenios y contingencias con SII y Tesorería.

Remuneraciones y obligaciones previsionales
Determinación de compromisos laborales y cotizaciones pendientes o próximas a vencer.

Proveedores y deuda financiera
Clasificación de obligaciones según monto, vencimiento, garantías y nivel de criticidad.

Cuentas por cobrar
Identificación de recursos recuperables y posibilidades de acelerar cobranza.

Viabilidad financiera
Evaluación preliminar de la capacidad del negocio para continuar operando.

Plan inmediato de actuación
Priorización de medidas para las siguientes semanas y determinación de materias que requieran asesoría financiera, tributaria, contable o jurídica especializada.

El objetivo no es prometer que todas las empresas pueden salvarse. Es algo más responsable: determinar rápidamente si todavía existe una empresa que rescatar y qué decisiones deben tomarse primero.

Tres escenarios posibles

1. Empresa viable con problema transitorio de caja

El negocio genera margen, pero existe un descalce financiero. Aquí pueden tener sentido medidas de liquidez, cobranza, refinanciamiento o reorganización de pagos.

2. Empresa viable, pero financieramente comprometida

El negocio todavía puede funcionar, pero la estructura de deuda impide sostenerlo normalmente. En estos casos puede ser necesario evaluar una reestructuración profunda y, cuando corresponda, las herramientas contempladas por la legislación concursal.

3. Empresa que perdió viabilidad

Continuar endeudándola puede aumentar el perjuicio para propietarios, trabajadores y acreedores.

En ese escenario, un cierre formal y técnicamente planificado puede ser más responsable que continuar acumulando obligaciones.

El dato que debería preocupar a las Pymes

De las 411 liquidaciones empresariales iniciadas durante el primer semestre, 359 correspondieron a micro y pequeñas empresas.

La cifra muestra que la insolvencia empresarial no es un problema reservado a grandes compañías. Puede afectar directamente al comercio, empresas familiares, prestadores de servicios, constructoras, industrias pequeñas y negocios que aparentemente continúan funcionando con normalidad.

Por eso, la alerta más importante no es el aumento del 28%. Es el momento en que una empresa decide pedir ayuda.

Cuando todavía existe caja, información y capacidad para negociar, existen más alternativas. Cuando todos los recursos se agotaron, las posibilidades disminuyen.

Antes de cerrar, endeudarse más o dejar de pagar: diagnosticar

Si una empresa está enfrentando problemas de caja, deuda tributaria, proveedores vencidos o dificultades para cumplir sus obligaciones, Rescate 72H de V&G Asesores busca entregar una evaluación inicial rápida de su situación financiera, contable y tributaria y definir las acciones que requieren prioridad.

No todas las empresas necesitan liquidarse.
No todas pueden reorganizarse.
Pero ninguna debería decidir sin conocer primero su situación real.